Mejor manera de curar una fractura

¿Te has roto una pierna o un brazo y quieres curártelo?

Lógicamente, lo primero que harás es ir a un centro médico a toda velocidad, o mejor dicho, hoy en día, a un hospital.

Anteriormente un centro médico era suficiente, porque el tratamiento a aplicar se podía realizar en un sitio sin muchos recursos y con bastante sencillez.

Cuando era un chaval recuerdo haberme roto el brazo y llevar la típica escayola durante una temporada.

Como buen metabolismo que tiene cualquier chaval, el mío me hizo recuperar rápidamente y poco tiempo ya tenía el brazo mejor.

Caso diferente es el de la gente mayor que al romperse algún hueso importante, como la tibia, el fémur o las caderas, tiene que llevar un tiempo de recuperación bastante largo.

De cualquier modo, el tratamiento estándar para todo este tipo de fracturas era la escayola y reposo.

Hoy en día las cosas han cambiado mucho.

Para la gran mayoría de facturas se recurre a la cirugía.

Nos podemos preguntar por qué, y no es difícil deducir que si así se hace es porque deben de tener datos y estudios varios que soporten este tipo de tratamiento.

Es decir, que ni te planteas que lo que estén haciendo pueda no ser lo más adecuado.

¿Cómo iba a no serlo?

Después de todo, los ministerios de sanidad del mundo manejan cantidades multimillonarias de dinero y están respaldadas por todo el estudio científico del mundo universitario y corporativo.

Bien.

Todo parece correcto.

Con seguridad que deberíamos estar ante el mejor tratamiento posible para las fracturas graves.

Todo bien en teoría, hasta el día que lo pones en la práctica y empiezas a hacerte cuestiones.

Voy a contar un caso real de alguien que se rompió la tibia en Inglaterra y uso los servicios del NHS, el servicio de salud británico, no muy diferente del de cualquier otro país occidental.

Esta persona se rompió la pierna al caerse por las escaleras de la casa donde vivía.

Como marca el procedimiento actual la llevaron a un hospital donde le dijeron que tenían que operarla con urgencia ya que era la mejor solución posible ya que en caso de poner una escayola tendría que estar con la misma seis meses.

Lo curioso es que, más tarde, al preguntar a otra gente que tuvo escayolas en el pasado por roturas similares, muchos dijeron que el reposo había sido de unos 3 meses con la escayola.

Bien, en medio de un dolor agonizante y confiando en el sistema, esta persona dijo que sí, que la operaran.

Todo fuera por terminar con el dolor inmenso de tener un hueso tan importante roto.

Curar fractura con cirugía

La operación duro cuatro horas y en la misma intervinieron varios elementos: cirujano, anestesiólogo y enfermeros varios.

Como vemos, todo un equipo por casi medio día.

Es decir, el hospital dedica casi un equipo entero de profesionales para atender una cuestión que hace décadas no habría necesitado más que de un doctor y un poco de yeso durante un rato.

Aquí, nada más empezar, es cuando empiezas a sospechar que algo no cuadra, sobre todo cuando meses más tarde, te das cuenta de que la solución propuesta no ha sido tan milagrosa como la vendieron. De esto hablaré luego.

Nada mas operarla la pusieron en la habitación de recuperación en la que estuvo 10 días porque para más INRI la pierna se le infectó, con lo que ya tenemos otro “efecto secundario” de estas cirugías, el cual no ocurriría si hiciéramos la típica escayola de toda la vida.

Luego de esos 10 días bajo un tratamiento penoso esta persona pudo ir a casa a continuar con la recuperación.

Le habían diagnosticado que en dos meses podría volver a realizar una vida normal y trabajar.

Hasta aquí todo bien.

Seguimos confiando en el sistema.

Lo que pasa es que en todo esto, los dolores en la pierna son continuos y para paliarlos le recetan un opiáceo: longtec, el cual le van reduciendo de manera dramática durante las próximas semanas a pesar de que el dolor no parecía descender a la misma velocidad.

No solo eso, sino que para seguir tomando el mismo, tenía que hacer revisiones semanales por teléfono y alguien tenía que ir a la farmacia a conseguir la receta.

Las revisiones en persona también fueron numerosas durante ese periodo.

Desgraciadamente, un mes después de la operación, el dolor punzante seguía ahí, como si estuvieran clavando un cuchillo por la parte de debajo del pie.

En un tratamiento con escayola a la antigua usanza, el dolor punzante debería terminar siempre a las pocas semanas de haber tenido la rotura, y cualquier tratamiento con opiáceos u otros métodos de reducción del dolor habrían terminado bastante temprano.

Lo único que debería hacer la persona es seguir con el reposo y la escayola en cama por unas semanas más, hasta que la pierna estuviera en condiciones de poder recuperarse.

En el caso de la cirugía, tenemos que el dolor, no solo en este caso, sino en muchos otros, continua por mucho tiempo; en unos casos un dolor muy agudo y en otros menos molestoso, pero casi siempre queda algo de molestia, y si no preguntarle a alguien que le han puesto una barra y unos tornillos en mitad de la pierna.

Y cuando digo en mitad quiero decir literalmente en mitad, porque esto es algo que desconocía pero que gracias a un caso como este llegue a conocer.

En esta cirugía, lo que hacen es poner una barra, un clavo enorme en medio del hueso, perforándolo de arriba debajo de  una manera increíble.

En un principio pensé que la barra la habían puesto al lado del hueso y que la habían “atado” al mismo con los tornillos.

Pero me equivoque.

Aparentemente, te hacen un taladro de la tibia con lo que en el centro de la misma te dejan el dichoso metal.

Bien, continuando con el caso.

Lo cierto es que, luego de dos meses, esta persona no estaba para nada recuperada y seguía teniendo dolores intensos de manera constante.

Tanto por debajo del pie, debido al “clavo”, como por los tornillos que le sobresalían a la altura de los tobillos. Esto último era una calamidad para dormir, y lo otro una calamidad para caminar.

Dolor constante era la situación.

Finalmente, esta persona tuvo que posponer otras semanas más su vuelta al trabajo, pero al hacerlo no es porque se había recuperado, sino por corazón propio, por salir de casa de una vez.

Por supuesto, el dolor continuo, incluso más, al tener que lidiar con la actividad de la vida diaria.

Tras no se sabe cuántas visitas al médico, revisiones, tratamiento, etcétera, unos meses más tarde, como 6 después de la operación, el médico dio el visto bueno a remover los tornillos de la parte baja de la pierna, con esperanza de que ello sería la solución definitiva a tanto dolor punzante.

En aquel momento esta persona propuso que le removieran todo pero el médico dijo que era muy “pronto”.

En fin.

Se procedió a remover los tornillos.

Segunda operación

Esta duro menos, pero no por ello requirió menos personal, pues se paso casi un día entero en el hospital y en la operación hubieron varias personas, dos cirujanos, anestesiólogo, enfermeros, etcétera.

Esta operación salió mejor que la primera porque al menos esta vez no hubo infección y se pudo ir a casa por la tarde.

Menos mal.

El dolor continúo de manera brutal durante las siguientes tres semanas de reposo.

Lo curioso del tema es que esta persona se dio cuenta de cómo el dolor que le causaban los tornillos al dormir se había disipado casi por completo, mientras que el dolor al caminar se había vuelvo más agudo, por el hecho de que sin los tornillos había menos soporte para el “clavo”, con lo que este bailaba algo más.

No tardo más que unas semanas en darse cuenta de que el dolor tipo “pinchazo” continuo seguía ahí, y que tenía que remover ese metal a cualquier precio.

Tras otras revisiones y visitas al médico, se procedió a fijar una fecha para remover la barra.

Finalmente, casi 11 meses después de la rotura inicial se procedió a remover la barra de la pierna.

Créanme, si ustedes vieran la operación, tal y como es, o la original de poner la barra en la pierna, se lo pensarían dos veces antes de aceptar este tipo de tratamiento, o al menos se darían cuenta de que el mismo es algo extremadamente brutal.

¿Por qué aplicar tal brutalidad para una simple rotura de pierna?

¿Para qué perforar el hueso por completo?

¿Se supone que aplicando más estrés extremo a un hueso ya de por si estresado se va a mejorar la situación?

Finalmente, la tercera operación tuvo lugar, y se pasó por el mismo procedimiento nuevamente: día en el hospital y recuperación varias semanas después en casa.

En total, como vemos, el resultado de esta fractura de tibia fue el tener:

  • Tres cirugías
  • Tres periodos de recuperación con un total de más de cuatro meses enclaustrado
  • Dolor agudo tipo “navaja rascando el pie” durante un año llevando una vida totalmente deprimida

Todo esto puede parecer justificado, si me dicen que no hay alternativa o que es lo único que se ha hecho toda la vida y está más que probado que es lo mejor sin paliativos.

Claramente, cuando ves el tema desde un punto de vista lógico, y analizas esas simples tres frases que he puesto ahí encima, te das cuenta de que hay algo realmente podrido en el asunto, porque la mayoría de los casos de hace 40 años con el mismo problema y tratados con escayola se solucionaban de la siguiente manera:

  • Sin cirugía
  • Recuperación total de unos tres meses
  • Dolor fuerte de fractura durante un mes y casi nada o nada después

Analizando ambos estilos, no hace falta ser un “ingeniero de la NASA” para darse cuenta de cuál es el mejor y más eficiente.

Pero más eficiente en todos los sentidos, no solo desde el punto de vista del paciente.

El método de la cirugía provoca una cantidad de dolor y trauma a largo plazo mucho mayor.

¿Cómo justificar algo así?

No me digan cómo, pero lo tienen totalmente justificado.

El verdadero motivo para aplicar cirugía en los fracturas

Evidentemente, no es solo en cuestión de dolor donde ambos métodos difieren de manera brutal, sino en otro tema un tanto más peliagudo: el tema de los recursos y el dinero empleado para ambos métodos de “cura”.

El método de la escayola, como podemos ver, casi no requiere de equipo médico, hospital, salas de cirugías, cirujanos, anestesiólogos, varios enfermeros, fisioterapeutas, médicos que receten las medicinas, revisiones varias, farmacéuticos vendiendo productos varios etcétera.

El método de la cirugía al contrario, necesita de todos esos elementos, y además, en una cantidad enorme.

Como podemos imaginar, una simple fractura puede conllevar tres operaciones de varias horas.

¿Sabes cuál es el coste de cada una de esas operaciones?

¿El sueldo de 4 horas de todos los intervinientes, más las horas de preparación, etcétera?

¿El coste de tener que mantener esa sala de hospital?

¿El coste de los médicos, enfermeros y administrativos en cada una de esas visitas?

Aquí tampoco hace falta ser un experto estadístico en economía para darse cuenta de que el método de la cirugía tiene un coste infinitamente superior al de la escayola, fácilmente del orden de 50 o 100 veces mayor, sino más.

Entonces aquí tenemos la magia del tema.

Un método que causa trauma y dolor diez o veinte veces superior al otro y que cuesta 100 veces más, y resulta que el método que es utilizado de manera estandarizada la sociedad supuestamente más avanzada de la historia.

Aquí, evidentemente, hay algo que no cuadra.

Conclusión

Como vemos, estamos ante un tema peliagudo y un tanto extraño.

Lo complicado hoy en día es demostrar que dicho método no es el mejor.

¿Por qué?

Pues porque, como dije, el sistema lo apoya al completo de manera institucional a todos los niveles.

Pero no solo ahí radica el problema sino que el hecho verdaderamente preocupante es que la mayoría de los que son tratados de esa manera hoy en día no tienen nada con qué comparar.

Es decir, la mayoría de las personas que son tratadas, simplemente aceptan el tratamiento como “es lo que hay” y “es lo mejor” y “único” porque lo dice el “medico”.

Nada que objetar.

Da igual que luego de varios meses después de la operación sigan teniendo molestias de algún grado, porque en cierto modo les será dada alguna excusa, de que si su caso ha tenido algún problema, etcétera.

Ni se les pasará por pensar que antes había una alternativa que era mucho más humana, menos traumática y “más económica”.

Muchos se pasan meses o años con molestias sin ni siquiera preguntarse si en el fondo el tratamiento que le aplicaron es el adecuado.

Os animo a que veáis una operación, y de manera fría, sin prejuicios de ningún tipo penséis si esa puede ser una manera adecuada para curar una fractura o si por el contrario se trata de una operación de carácter salvaje, en el sentido más peyorativo que podamos encontrar a esa palabra.

No sé, aunque parezca extraño, es como si este método favorito del sistema tuviera como objetivo maximizar el dolor a largo plazo.

Curioso cuando menos.

Saludos

Gracias por compartir

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